se comporta como una niña
caprichosa y exigente,
desvelando mis sueños
e invitandome a salir desnuda
para disfrutar de la brisa que la recorre.
Oigo el sonido de una musica lejana,
mientras lentamente me dejo llevar
por las sensaciones
que me llevan a evocar tu cuerpo,
hasta que sin darme cuenta,
descubro mis manos que
como si tuvieran vida propia,
recorren presurosa mi cuerpo,
que inflamado de ti,
grita a cada roce de mis dedos.
Mis piernas se abren
como una flor nocturna
descubriendo su secreto,
que exigente te recuerda
dolorosamente real,
dolorosamente cerca,
mientras la luna, curiosa,
se convierte en complice
de mis deseos.

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