Las tardes de invierno, no son tardes de universidad, ni de trabajar, las tardes de invierno son tardes de cafés, de escaparse, de salir a pasear, de mirar al mar, de conversar, de quedar, son tardes de sonrisas, de caminar sin prisas, de ser uno mismo, de olvidarse de todo menos de ese alguien especial, de observar las nubes, de compartir, de sentir el sol en la piel, y sobre todo, por encima de todo, son tardes de "vivir".

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